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Escobar, Buenos Aires, Argentina
Artesana en Macramé
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053

Mandala
(For Star-Life)




Se abre la verja del jardín
con la docilidad de la página
que una frecuente devoción interroga
y adentro las miradas
no precisan fijarse en los objetos
que ya están cabalmente en la memoria.
Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones
que toda agrupación humana va urdiendo.
No necesito hablar
ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza.
Eso es alcanzar lo más alto,
lo que tal vez nos dará el Cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.

                     "LLaneza" de J. L. Borges

"¡Dios te salve!" de Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)

Cuando reina en ti la sombra;cuando apagas tus estrellas;
cuando abismas en el barro más impuro,
más de bestia, más de cárcel,
tu equilibrio y tu tonsura,
tu divina majestad:
no has caído todavía, no has rodado a lo más hondo,
si en la fibra de tu pecho más remota,
más perdida en el tumulto de la fiebre,
canta salmos la Tristeza,
muerde hierros el Despecho,
vibra un punto, gime un ángel, pía un nido,
clavan dardos de repente
la Vergüenza y la Verdad.

Los que nacen tenebrosos;
los que son y serán mandrias,
los estorbo, los peligro, los contagio, los satanes,
los malditos, los que nunca, nunca en seco,
nunca siempre, nunca mismo, nunca nunca,
se podrán regenerar,
no se lloran a sí propios,
no se auscultan en sus noches,
no se velan, no se cuidan, no se temen ellos mismos...
se producen inocentes, imperantes, satisfechos,
como normas, como claves,
como pernos, como pautas, como pesas controlarias,
y no sufren un desmayo,
y no sienten el deseo de lo Santo y de lo Puro
ni siquiera un ruin momento,
ni siquiera un vil instante de su arcano cerebral.

Al que tasca sus tinieblas,
al que rola taciturno;
al que aguanta en sus dos lomos, cual un peso indeclinable,
cual el peso punitorio de cien urbes,
de cien pueblos, de cien siglos,
de cien razas delincuentes,
su tendencia miserable,
su tenaz obcecación; al que sufre noche y día,
-y en la noche hasta durmiendo,-
como el roce de un cilicio, como un hueso en la garganta,
como un clavo en el cerebro, como el ruido de un torrente,
como un cáncer implacable,
la gran piedra de sus taras,
la gran mole de sus penas,
la gran cruz de su imperiosa, de su estúpida pasión:
yo le abato mi cabeza,
yo le postro mis rodillas,
yo le beso las dos plantas;
y al pasar ambulatorio, zozobrante por mi vera,
yo le digo: ¡Dios te salve!
¡Dios te guíe! ¡Dios te tenga de sus manos!
¡Cristo negro, santo hediondo, Job por dentro,
vaso infame del dolor!

"Ítaca" de Konstandinos Kavafis

Cuando salgas en el viaje hacia Ítaca
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas,
tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
si elevado se mantiene tu pensamiento,
si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Ítaca.
Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Ítacas qué es lo que significan.

"Ángel de la guarda" de Mario Benedetti

Al principio eras niño
como yo
pero mucho más ágil

no sólo me advertías
de la baldosa floja
o de la abuela que se aproximaba
con sus dos bofetadas potenciales
también en mis mañanas
de golero baldío
cuando el pecoso arremetía
echabas
a corner la pelota
inalcanzable

cierto día empezaste
a flaquear sin aviso
jugando al rango se agachó un cretino
yo me partí los labios
tú las alas

cicatrizamos pronto sin embargo
todavía serviste
para evitar los riesgos de rutina
tales como los nudos y estornudos
la maceta que cae de un quinto piso
la venérea que sube del segundo

nuestro primer conflicto fue con cielo
yo me puse a creer
y tú a esperarme

cuando se nubló todo
dónde estabas
no me salvaste ni me salvarías
ya nunca más
la noche mansa comenzó a llover
y me empapó de dudas
dónde estabas
para decir que no
gritar que sí
o mejor para
abrir nuestro paraguas
y callarnos

llegaron pestes aurorales
muertes
injustas no buscadas
odios entre el escombro
vacíos con espuma y sin espuma
cíclopes merodeantes

dónde estabas
para cavar dolor como trincheras
para armarme las manos
para decirme algo
cualquier cosa
y sobre todo
para desarmarme
la buena fe
ese arcabuz inútil

se crearon mágicos latidos
entretenidas desesperaciones
que claro
si no son bien atendidas
se pueden convertir
en incurables

dónde estabas
para inventar augurios
sobre el tierno futuro en carne viva

acudes cuando nadie te reclama
por ejemplo
a quitarme el cuarto vaso
o el primer sueño
que es quitarlo todo

debes reconocerlo
no preciso
que me cuides
sino que me descuides

ya se verá
cómo me las arreglo

mejor te vas

recoge tus alones
y no vuelvas.

"Sobre la poesía" de Juan Gelman

habría un par de cosas que decir/
que nadie lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y

con el asunto de comer cada día/se trata
de un asunto importante/recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/

pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/
murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente

porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje
hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que
les hacía pío-pío en la cabeza/el
tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero

volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron
las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/yo ahora
para que me quierás/

"Diálogo con nadie" de Horacio Klappenbach

En este hablarle a nadie
-o tal vez sí, a otra tibia soledad que yo ignoro-
digo mi antigua sangre mordida por sucesos,
mento sus soterrados soliloquios,
acaricio por último sueños simples, heridos
por oscuros, pequeños episodios.

Entonces miro entorno -ese entorno querido
que amasó este cercano medio siglo que gozo-
y digo que no importa: lejos, afuera, a mi lado tal vez y ahora mismo
transcurre el prodigioso
tiempo que nos convoca
y aguanto, hago coraje y espero, todavía otro poco.
Yo sé que me acompañan esperas infinitas.
Pero como sucede que son míos los huesos que sostienen mis hombros,
que soy justamente yo mismo quien aguarda,
pido permiso, amigos, para un algo de agobio
saboreando -con un regusto a mate
de áspera quemazón en cada sorbo-
esta sombra de lenta tristeza, o mejor de callada
melancolía azul que casi nunca nombro.

Oh, no crean, no es mucho lo que reclamo. Y simple.
Unos metros cuadrados de reposo,
de paz no penetrada,
de hogar sin gestos hoscos.
Una zona más ancha de amistad suficiente
par blindar mis límites y hacer posible el odio
necesario y vigente -la cuota de combate
sin la cual no se puede querer al bien que invoco-.

Y luego, más allá de mí mismo, una cosa.
Alguien para este diálogo. Alguien concreto y cerca, dueño de su
contorno.
No los hombres, así -la Humanidad mayúscula y lejana-
o la que en otro tiempo se acuerde de nosotros.
Alguien aquí y ahora. Su mano que no sepa
cómputo ni estrategia, su puro humano soplo.
Solamente a través de cada hombre, amigos,
comprendo el dialogar sin orillas con todos.

"Tal vez una mañana caminando por un aire de vidrio" de Eugenio Montale

Tal vez una mañana caminando por un aire de vidrio
árido, al darme vuelta, contemplaré el milagro:
la nada a mis espaldas, el vacío detrás
de mí, con terror de borracho.

Luego, como en una pantalla, se detendrán de pronto
árboles, casas, lomas, en su habitual engaño.
Pero será muy tarde, y yo me iré en silencio
con los hombres que no miran atrás, con mi secreto.

"La cultura del terror" de Eduardo Galeano ("El libro de los abrazos")

la bofetada, la paliza,
el azote,
el cuarto oscuro,
la ducha helada,
el ayuno obligatorio,
la comida obligatoria,
la prohibición de salir,
la prohibición de decir lo que se piensa,
la prohibición de hacer lo que se siente
y la humillación pública
son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales
en la vida de familia. Para castigo de la desobediencia
y escarmiento de la libertad, la tradición familiar
perpetúa una cultura del terror que humilla a la
mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del
miedo.- Los derechos humanos tendrían que empezar por casa
me comenta, en Chile, Andrés Domínguez.